Los orígenes de El Tigre están muy cerca de la
novela que Miguel Otero Silva publicó en 1941 bajo el
nombre de Oficina número 1. Inspirado en la
fundación de un campamento petrolero y la riqueza que
prometía una empresa estadounidense, el autor retrató
los albores de una ciudad del oriente del país, cuya
historia no se desliga del petróleo.
Como en la ficción de Otero Silva, una oleada de criollos
y extranjeros fueron convocados al sur de Anzoátegui
por las noticias del oro negro. "En 1937 salió petróleo
y a la vuelta de un par de años éramos 10.000 personas
en esta sabana", cuenta Miguel Cabello, defensor de los derechos
humanos desde hace 30 años y ahora candidato a la Alcaldía
del municipio Simón Rodríguez. "La ciudad nació
desordenada y la improvisación ha sido una constante
desde entonces hasta ahora".
El final de la novela, no obstante, se ha alejado de estos
días. Hace una década, la apertura de la Faja petrólífera
del Orinoco motivó una segunda oleada de gente. Cabello
ubica el punto de quiebre en ese momento: "Vino mucha gente
y ésta pareciera una ciudad sin ley, en la que hay mafias
entre personas que no estaban preparadas para la violencia".
En medio de ese panorama, muchos aplauden los carteles que
la Alcaldía pegó para ofrecer recompensa por unos
"solicitados". Desde la avenida Francisco de Miranda, María
Ramírez señala que es bueno verles las caras a los
señalados. "No creo que eso llama a tomar justicia por
las manos, sólo publican las caras para conseguirlos",
dice. Luis Álvarez -en otra acera- añade que "el
hampa es un problema nacional y hay que actuar".
"La gente está dividida en dos toletes", dice María
Cecilia de Donatto: "Los que están con el gobernador
Tarek William Saab y quienes apoyan al alcalde Ernesto Paraqueima,
de Podemos". Lamenta que esa situación filtre cualquier
discusión sobre la violencia.
Una investigación que Cabello realizó entre 2000
y junio de 2007 indica que en El Tigre hay 184 presuntos ajusticiamientos
policiales. Y no se trata de un fenómeno aislado en un
pueblo del oriente, sino de un ejemplo de lo que ha ocurrido
en muchas regiones de este país petrolero: las cifras
que la Fiscalía General de la República reportó
en marzo dan cuenta de que entre 2000 y 2007 hubo más
de 6.000 ejecuciones con policías implicados.
Venezuela es otra y El Tigre también. Cabello cree que
Miguel Otero Silva se ha perdido de la acción de estos
días: "76 años después de la fundación
de esta ciudad, terminaría la novela con muchas lágrimas".